Insights · Comercio Internacional
Tener la estrategia correcta no es lo mismo que poder ejecutarla. Europa identificó bien el problema —depender de pocas fuentes externas— pero intenta resolverlo cargando una desventaja energética que ninguna estrategia compensa por decreto. Y el capital ya está votando con los pies.
31 de agosto de 2026

Tras años de disrupciones —pandemia, conflictos geopolíticos, crisis energéticas— las grandes empresas de Europa y Estados Unidos llegaron a la misma conclusión: depender de pocas fuentes externas para insumos críticos es un riesgo estratégico que hay que reducir. La intención está, y es mayoritaria. Según el reporte 2026 del Capgemini Research Institute —basado en una encuesta a 1,208 ejecutivos de empresas con ingresos superiores a mil millones de dólares, en 13 sectores y 11 países—, el 73% de estas organizaciones ya tiene una estrategia de reindustrialización en marcha o en desarrollo, frente al 59% en 2024.
Pero entre querer y poder hay una distancia, y en este caso esa distancia es medible.
El mismo reporte documenta un dato que contradice el entusiasmo: la inversión planeada en reindustrialización para los próximos tres años cayó de 4.7 billones de dólares en 2025 a cerca de 2.5 billones en 2026. Casi a la mitad, en un año.
Capgemini lo interpreta como un giro hacia modelos más selectivos y eficientes en capital, no como una pérdida de ambición. Es una lectura válida. Pero para una empresa que decide dónde instalar su próxima operación, la pregunta no es por qué bajó la inversión agregada, sino a dónde se está yendo el capital que sí se invierte.
La raíz del freno europeo no es falta de decisión política. Es un costo que ninguna estrategia corporativa puede absorber. El Informe Draghi sobre competitividad, elaborado para la Comisión Europea, documenta que las empresas de la Unión Europea pagan electricidad de 2 a 3 veces más cara que sus contrapartes estadounidenses, y gas natural de 4 a 5 veces más caro. El propio informe advierte que Europa enfrenta un reto existencial si no incrementa sustancialmente su inversión industrial.
Ese diferencial energético no se cierra con incentivos ni con discursos. Es la razón por la que, según Capgemini, en Europa los altos precios de energía, el costo laboral y la regulación fragmentada están empujando a las empresas hacia el friendshoring —producir en países aliados— en lugar de la reindustrialización directa en casa.
Europa acertó en el diagnóstico y quedó atrapada en la ejecución. Reconoció el riesgo correcto, pero lo enfrenta desde una desventaja de costos que no controla.
Aquí está la parte que a una empresa mexicana le conviene leer con atención. El reporte de Capgemini es explícito sobre hacia dónde están rebalanceando su operación las empresas de EU y la UE conforme reducen su dependencia de China: India encabeza la lista, seguido de cerca por Vietnam, México y Canadá.
México no aparece en esa lista por casualidad ni por simpatía. Aparece porque tiene exactamente lo que a Europa le falta: costos energéticos competitivos y cercanía operativa con el mercado más grande del mundo. Es una ventaja estructural, no coyuntural.
El punto de vista de Parswide
El caso europeo es valioso porque separa dos cosas que suelen confundirse: la intención estratégica correcta y la capacidad estructural de ejecutarla. Europa tiene la primera y le falta la segunda. México tiene la ventaja estructural que a Europa le falta — pero esa ventaja no se convierte automáticamente en resultados para una empresa mexicana.
Se convierte en resultado solo si existe quien sepa canalizarla: quien entienda qué está buscando ese capital que ya decidió salir de Europa y de China, y pueda conectarlo con la operación real del lado mexicano. Tener el costo energético y la cercanía es la condición de entrada; capturar el capital que los busca es un trabajo de integración, no de suerte geográfica.
En PARSWIDE no leemos esta reconfiguración como una noticia externa sobre Europa. La leemos como el mapa de dónde se está moviendo la manufactura global en este momento, y construimos la operación de nuestros clientes para capturar esa oportunidad antes de que la ventaja de México deje de ser una ventaja. Porque las ventajas estructurales no son permanentes: son ventanas. Y esta está abierta ahora.
PARSWIDE integra y gestiona cadenas de suministro internacionales con presencia operativa real en México y Asia.
Solicitar diagnóstico