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México quiere depender menos de Asia — y al mismo tiempo le abre la puerta a India. No es contradicción: es la nueva lógica

Vistas por separado, las dos negociaciones que México sostiene hoy parecen apuntar en direcciones opuestas: menos dependencia de Asia por un lado, más acceso a India por el otro. Leerlas como contradicción es el error. Leerlas juntas revela que la estrategia comercial mexicana ya no se puede entender con una sola variable.

30 de septiembre de 2026

Mapa con México como nodo central conectado a Norteamérica y a India mediante rutas en dorado

Dos noticias de comercio exterior, publicadas casi el mismo día, parecen contradecirse. Por un lado, México negocia con Estados Unidos y Canadá un plan para producir más dentro de la región y depender menos de insumos asiáticos. Por el otro, México analiza un acuerdo comercial preferencial con India que abriría el mercado mexicano justamente en sectores sensibles como acero, autopartes y automóviles —los mismos productos asiáticos que el país encareció con aranceles el año pasado—.

¿México quiere menos Asia o más Asia? La respuesta —y lo que de verdad importa para una empresa— es que la pregunta está mal planteada.

Frente uno: producir más en Norteamérica

El subsecretario de Comercio Exterior, Luis Rosendo Gutiérrez Romano, confirmó que México trabaja con Estados Unidos y Canadá en un plan de transición gradual para identificar qué componentes hoy importados desde Asia podrían fabricarse de forma viable dentro de la región. La meta que planteó es ambiciosa: elevar el valor agregado regional de ciertas exportaciones hacia niveles de 20%, 30% o hasta 40%.

El ejemplo que usó el propio funcionario es revelador. En el sector electrónico —según señaló, uno de los de mayor dinamismo exportador— el valor agregado mexicano es de apenas 7% a 8%. Es decir: México exporta mucha electrónica, pero la mayor parte del valor de esos productos se fabrica fuera, principalmente en Asia, y aquí solo se ensambla. El plan busca cambiar esa proporción.

Detrás de esto hay un cambio de criterio que Gutiérrez Romano hizo explícito: Washington ha colocado la seguridad económica y nacional por encima del criterio de obtener únicamente los precios más bajos. El contenido regional, no el costo, se está volviendo la moneda de la negociación. (La cuarta ronda de esta negociación, prevista originalmente para septiembre de 2026, se pospuso a octubre.)

Frente dos: abrirle la puerta a India

Casi al mismo tiempo, la Secretaría de Economía confirmó que analiza un posible acuerdo comercial preferencial con India —todavía sin propuesta formal, en etapa de análisis—. En una primera fase de alcance limitado, India busca que México reduzca sus barreras a automóviles, autopartes y acero. A cambio, México busca mejores condiciones para colocar tequila, frutas y componentes automotrices en el enorme mercado indio.

El detalle que hace esto interesante: esos productos que India quiere colocar —acero, autopartes— son de la misma familia que México encareció con aranceles de entre 5% y 50% el año pasado, cuando provenían de países asiáticos sin acuerdo comercial. México estaría, en efecto, considerando abrir para India una puerta que mantiene más cerrada para otros orígenes asiáticos.

Por qué no es contradicción, sino una estrategia de dos velocidades

Aquí está la idea que ordena todo lo anterior. Elevar el contenido regional no significa cerrar fronteras. Significa que México está decidiendo, insumo por insumo, dónde le conviene producir y dónde le conviene importar —y que esa decisión ya no depende de un solo criterio como el costo, sino de varias negociaciones simultáneas que avanzan a velocidades distintas y en direcciones que, vistas de una en una, parecen opuestas.

Seguridad económica con Estados Unidos es una conversación. Acceso a nuevos mercados con India es otra. No se contradicen: operan en planos distintos. Una busca blindar lo estratégico dentro de la región; la otra busca diversificar socios fuera de ella. México no eligió una u otra. Está jugando ambas a la vez.

La estrategia comercial de México ya no se lee con una sola variable. Un mismo producto puede estar, al mismo tiempo, en la lista de lo que Norteamérica quiere producir internamente y en la lista de lo que un acuerdo con India podría abaratar. Saber en cuál de las dos está —y cuál se mueve primero— es la nueva forma de leer el riesgo.

Lo que esto cambia para una empresa que importa

La pregunta tradicional de abastecimiento —¿qué arancel aplica hoy a este insumo?— se volvió insuficiente. Es una fotografía de un entorno que se está moviendo en dos direcciones a la vez.

La pregunta útil ahora es doble: ¿este insumo está en la lista de lo que Norteamérica quiere empezar a producir internamente (y por tanto va a protegerse y encarecerse para orígenes externos), o está en la lista de lo que un nuevo acuerdo con India podría abaratar mañana? De la respuesta depende si conviene buscar un proveedor regional, esperar la apertura con India, o rediseñar el abastecimiento por completo.

Lo incómodo es que esa respuesta no está en un solo documento ni en un solo arancel. Está repartida entre dos negociaciones que avanzan por separado, con calendarios distintos, y ninguna empresa recibe un aviso cuando una se adelanta a la otra.

El punto de vista de Parswide

La aparente contradicción de la política comercial mexicana no es un problema a resolver: es la condición del entorno en el que las empresas van a operar los próximos años. Dos negociaciones simultáneas, en direcciones distintas, a velocidades distintas, decidiendo insumo por insumo qué se produce dentro y qué se importa. Quien lea solo una de las dos tendrá la mitad del mapa.

En PARSWIDE no asesoramos a nuestros clientes con una fotografía fija del entorno arancelario. Monitoreamos ambos frentes de la negociación al mismo tiempo —el de integración regional con Norteamérica y el de apertura con India y otros socios—, de forma que la decisión de dónde abastecerse no dependa de adivinar cuál de las dos estrategias del gobierno se mueve primero.

Porque en un entorno que se mueve en dos direcciones a la vez, la ventaja no es tener el dato arancelario de hoy. Es entender hacia dónde se está moviendo cada frente, y posicionar la cadena de abastecimiento antes de que el movimiento se vuelva noticia. Esa es la diferencia entre reaccionar a la política comercial y operar con una lectura anticipada de ella.

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